¿Qué es la fiebre?

By | 19 noviembre, 2017

que es la fiebre

La fiebre consiste en la elevación de la temperatura normal del cuerpo: más de 37,5ºC si se mide rectal o más de 38ºC si se mide en la axila. Representa el motivo más frecuente de consulta en urgencias pediátricas, por lo que he decidido escribir en el blog sobre esta temática, dada su elevada frecuencia, ya que nuestros lactantes y niños tendrán fiebre varias veces a lo largo de su infancia.

Contrariamente a lo que la mayoría de padres piensa no pueden pensar, la fiebre en los niños no representa necesariamente una enfermedad grave ni debe estar ligada a un mal pronóstico, ya que la mayoría de veces no serán casos preocupantes y la fiebre no será un motivo de verdadera urgencia. La mayor parte de las infecciones febriles tienen un origen vírico y, por tanto, son intrascendentes en la mayoría de los casos. La fiebre por sí sola no debe producir angustia ni debe suponer en principio un peligro para la salud del niño.

Por ello, la fiebre no debe ser considerada como un síntoma de alarma salvo en contadas excepciones, como veremos más adelante, casos estos en los que habrá que llevar al niño / a en un servicio de urgencias para un reconocimiento. Por tanto, no hay que alarmarse ni acudir a urgencias de inmediato cuando el termómetro suba unos grados (la temperatura por debajo de 37’5ºC a nivel axilar se considera normal), aunque esto no siempre puede ser resultar fácil.

Fisiopatológicamente, podríamos decir que se trata sólo de un mecanismo defensivo del organismo contra una infección o un proceso inflamatorio, que no siempre tiene que ser tratada. La fiebre es considerada como un mecanismo de defensa que puede llegar a ser beneficioso. Es decir: si mi hijo/a tiene fiebre, es porque su organismo está funcionando bien, defendiendo correctamente.

La fiebre se presenta con más frecuencia durante los tres primeros años de vida como respuesta a la interacción del sistema inmunitario del niño, inicialmente virgen, con el medio exterior que la rodea y, paradójicamente, su aparición es fundamental para ayudar a fortalecer la inmunidad del niño.

Por ello, no en todos los casos es necesario optar por un tratamiento sino que depende en gran parte de la sintomatología que presente el menor. Si el niño está bien, no presenta rechazo del alimento, la fiebre remite tras la administración de antitérmico al cabo de un rato y el niño recupera la actividad y las ganas de jugar, es muy improbable que presente un cuadro clínico grave y por tanto no hay necesidad de terapia extraordinaria.

En cambio, cuando la fiebre es excesivamente alta que no remite después de administrar antitérmicos, o se trate de un recién nacido o de un menor de tres meses, o no presente una causa que la justifique (mucosidad en vías respiratorias superiores, tos improductiva…) o se acompañe de otras manifestaciones como afectación del estado general al ceder la fiebre (hipoactividad, decaimiento), irritabilidad, somnolencia, lesiones cutáneas o dificultad respiratoria hay que acudir al pediatra.

El hecho de acudir a los servicios de urgencias para consultar sobre casos de fiebre infantil de manera muy prematura (pocas horas de evolución de la fiebre), que ni siquiera muestran signos de infección que puedan definir el posible tratamiento, puede generar unas falsas expectativas de seguridad a los padres en haberlo visitado ya el pediatra, pero de una manera tan precoz que es imposible de adelantarse a la sintomatología o intuir la dolencia de su hijo, lo que podría enmascarar posibles manifestaciones clínicas de enfermedades potencialmente más graves, por lo que hay que seguir observando la evolución clínica, el estado general del niño y las recomendaciones citadas anteriormente en casa, al menos hasta transcurridas las primeras 48 h del cuadro febril, observándolo si es necesario también durante la noche. Por este motivo, los servicios de urgencias pues, habría que acudir sólo cuando existan signos clínicos que requieran asistencia inmediata, y no buscando un acceso inmediato a exploraciones complementarias o una tranquilidad que sólo la puede dar la evolución del cuadro en casos de consulta muy precoz.

¿Cuándo debe acudir a un servicio de urgencias?

cuando hay que ir a urgencias por fiebre

Habrá que acudir de urgencias si el niño/a presenta alguno de los siguientes síntomas de alarma:

– Si el niño/a tiene menos de 3 meses de edad.

– Si su hijo/a está adormilado o somnoliento, presenta decaimiento importante o, por el contrario, está muy irritable. La fiebre, por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño. Sólo nos deberá alertar al decaimiento si es importante y persiste a pesar de lograrse bajar la temperatura por debajo de 37,5º C.

– Si se queja de dolor de cabeza intenso y vomita varias veces.

– Si presenta rigidez de nuca franca (si el niño es incapaz de sujetar una hoja de papel con el mentón, cerrando la boca, sobre el pecho). Sin embargo, la fiebre elevada puede producir rigidez de nuca siendo necesario bajarla para comprobar que persiste.

– Si ha tenido por primera vez una convulsión con la fiebre (el niño pierde la conciencia, se pone rígido y comienza a realizar movimientos de sacudida. A veces, simplemente se desmaya o pasan las dos cosas).

– Si el niño/a respira con dificultad.

– Cuando aparezcan manchas rojas en la piel que no desaparecen en presionarlas.

– Si el lactante o niño sufre de alguna enfermedad crónica grave (malformaciones del corazón, inmunodeficiencia o neoplasias en tratamiento quimioterápico).

– Si lleva 4 días o más con fiebre. Esto no es un signo de alarma pero se recomienda consultar a Urgencias, aunque sin prisas, salvo que su pediatra le haya dado otras instrucciones.

Puede resultar difícil para los padres mantenerse serenos ante los casos de fiebre del niño o lactante, pero si no se produce alguna de las situaciones anteriores no es necesario alarmarse ni habrá un reconocimiento o valoración médica urgentes.

¿Qué se puede hacer en casa para bajar la fiebre?

– No decida que su hijo tiene fiebre poniéndole la mano en la frente, use el termómetro.

– Mantenga una temperatura ambiental agradable, no ponga mucha ropa al niño/a. Evite el abrigarlo de más.

– Ofrézcale abundantes líquidos, sin forzarlo.

– No es necesario bajar la fiebre en todas las circunstancias, sólo si el niño se encuentra molesto. Esto suele pasar, generalmente, a partir de 38-38,5ºC.

– Utilice las dosis de antitérmicos recomendadas por su pediatra respetando los intervalos entre ellas aunque la fiebre reaparezca antes (no respetarlos puede causar intoxicaciones).

– En estos casos, para ayudar a los antitérmicos, puede bañar al niño en un baño de agua tibia (no fría), mantenerlo bien hidratado , desabrigar a su hijo dejándolo con poca ropa en una habitación a una temperatura agradable, o utilizar toallas húmedas con agua tibia en la cabeza y en las extremidades, no utilice compresas de alcohol ni agua fría.

antitermicos para niños

Cuestiones importantes sobre la fiebre

Algunas personas creen que la fiebre es siempre mala y que puede provocar lesiones importantes, lo cual no es verdad. Cuando tenemos una infección el cuerpo produce más calor (fiebre) para la elevación de mediadores proinflamatorios, para que nuestras defensas luchen contra ella, y al mismo tiempo producir un ambiente incómodo para el germen causante de la infección para que no esté a su gusto por el organismo limitando su diseminación.

La fiebre no causa daños neurológicos en el cerebro hasta que no llega a 42ºC o más.

Los antitérmicos no curan la infección, pero ayudan a que el niño/a se sienta mejor.

Lo que habrá que hacer frente a un cuadro de fiebre normal en un niño, que no comporte ningún signo de alarma, es procurar bajarle la temperatura corporal (ambiente fresco, baños, antitérmicos) y ofrecerle abundantes líquidos (sin forzarlo) en espera de que la fiebre ceda y finalmente desaparezca.

Y finalmente, en resumen y ya para terminar, recordar que se recomienda acudir a Urgencias siquiera si hay algún síntoma o signo de riesgo como afectación del estado general, irritabilidad inconsolable, somnolencia, lesiones cutáneas, dificultad respiratoria o bien a los primeros tres meses de vida.